miércoles, febrero 22, 2006

Secreto

Me levanté aquella mañana sabiendo que algo importante había cambiando en mi vida. La soledad ya no se arremolinaba en mi alma, la euforia me embargaba y cuando me miraba al espejo, me parecía increíble que todo el mundo no adivinase que algo fantástico me estaba ocurriendo, se delataba en mi rostro. Mis poros lo exudaban.

Pero a pesar de aquella alegría, había otro sentimiento también agarrado allí. Y ese era el miedo. El miedo a perder lo que todavía no era mío. El miedo a no ser correspondido del mismo modo. El miedo a no saber dar de la misma forma.
Me daba cuenta de que en los últimos años había perdido la capacidad de amar de que ese sentimiento se extravió por el camino, y que de no utilizarlo se tornó escurridizo y huraño. Y las palabras para definirlo se me atascaban en la garganta y eran incapaces de ser pronunciadas. Pero había más, había una palabra oscura, dolorosa y fea que me atormentaba.
Como podía yo arrastrar a nadie a mi sórdido mundo. Como podía yo invitar a compartir mis momentos robados con la sombra de un tercer peón en el juego. Sabía que mi cobardía podía herir, así que opté por el camino que me parecía honesto. Por el camino que me desgarraría el alma, que me devolvería a la hostil realidad... Abandonar.

Pero en cuanto mi alma aceptó el hecho concreto, mi mente me impuso el peor de los castigos, y machaconamente recreaba la pérdida de mi paraíso particular. Veía imágenes fugaces de la ninfa que me había robado la razón. Besaba su boca madura, atesoraba sus blancas manos entre las mías, descubría su secreta pasión entre mis brazos. Todo ello martirizaba hasta la locura mi mente, hasta el punto de titubear ante mi camino trazado.
Pero era tal el amor que yo le profesaba, que mis dos hijos y mi esposa habían pasado a un plano secundario en mi vida. Mi trabajo como agente de bolsa, ya no era el cúmulo de éxito que me llenaba día a día. Nada era tan importante como la mirada de sus cristalinos ojos cuando me cobraba la estancia en el parking, y su mano rozando la mía al entregarme el cambio. Mi pequeña alondra, confinada en aquella jaula de cristal del centro comercial.
Dónde cada sábado, sin faltar ni uno, yo me dirigía cual perro adiestrado a realizar la compra de la semana. Y donde cada sábado sin despegar mis labios entretejía en mi mente una fantasía secreta con la dueña de mis anhelos.



lunes, febrero 20, 2006

Regreso


Ha vuelto a casa, ya está aquí, ha vuelto a quedarse, a empaparse de esos olores conocidos, azules y verdes. y otros nuevos que acaban de llegar. Abre la ventana para que entren sin miedo, se arremolinen en torno a su cuerpo, y le traigan nuevas esperanzas. Deja las maletas junto a la entrada cargadas de cajas vacias, que llenará con aliento entre papel de seda, doblado meticulosamente como solo ella sabe hacerlo.
Ha vuelto a casa y ha venido a quedarse....
Lo (deseos)

viernes, febrero 17, 2006

Ausencia de protocolo


Hay un momento íntimo y sereno, en el que los ojos no les da por entregarse a la acuosidad lacrimal, en los que ese dolor sordo que se instaló como un inquilino sin nombre y que vive a medias entre la planta corazón y garganta se ha tomado un día de asueto.
En los que la razón, tiene en ese momento un hilo tenso y tirante que le permite andar sin mirar al vacío. Y haciendo gala de un valor irreductible comienza a dar pasos hacia la palabra..... despedida.
No entiende esa valentía nacida de la nada, cuando todo es tan fácil como estar abocado a la absoluta placidez de ver pasar los días frente a la ventana sin mover un dedo, pestañeando de vez en cuando para no quedar aterido.
Pero ya no se engaña; Cada mañana cuando se ve de cuerpo entero en el espejo, cuando espera un consuelo y recibe un quejido. Cuando tiende la mano y se queda allí muda, rozando la espalda que se aleja.
Y hay que ser muy valiente para decir un ..... Ya no te quiero.

( Cayó el lastre, se olvidó la punzada, nos abrazamos y nos perdonamos por ser humanos... por ser imperfectos)

LO. (Ruina convertida en Deseo)

viernes, febrero 10, 2006

225 Golpes..




He aprendido a lanzar mis horas contra el horizonte, y que no me retornen minutos pertreñados de silencio.
Y que la cadencia que oigo en mis sienes no sea constante, sino con altibajos, como un vals de final apoteósico en el que los bailarines no dancen, sino que se deslicen en un movimiento sinuoso de notas perdidas.
225 notas, doscientos veinticinco golpes y me he dado cuenta de que estoy sola, pero ya no me engulle como un perro amaestrado, lenta e incansablemente, cercenando con cada mordisco una pequeña porción de mi alquimia. Ahora me mira con el temor del animal salvaje que se enfrenta a su rival, entrechocando las astas, con la certeza segura de que no va a cejar hasta las más absoluta de las rendiciones, que cuando la savia vital gotee de sus entrañas, yo reiré a carcajadas, miraré sus pupilas verdes y escupiré en su vientre.
225 golpes y abro las puertas...
Lo. (Deseos)

viernes, febrero 03, 2006

Mi Viernes

Hoy, he recorrido el mismo trecho que todos los días, pero en el aire flotaba una expectación distinta, maravillosa. El sol, después de varios días sin dignarse a aparecer a tan temprana hora, me ha regalado sus nacientes resplandores. Y yo, avariciosa, he apurado al máximo tan grata sensación.
Me gustaría pensar que es una avanzadilla extraordinaria de la primavera. ¡Bendita ilusión!, sé que aún me quedan muchos domingos fríos.

No quiero que todos los viernes sean de sol” Canta Shakira. Contoneando su excelso cuerpo.

Yo sí que deseo que todos mis viernes sean de sol, de muchos viernes llenos de sonrisas, de viernes con olor a calor, de viernes llenos de cariño, de viernes con pan caliente, de viernes con olor a bebé.

Y es que no sé que tienen los viernes.....

LO. (Deseos)

miércoles, febrero 01, 2006

El Baile de Máscaras


Las máscaras son mis objetos de culto, me atraen de una forma sospechosamente intensa, sin embargo no poseo mas que la de diario.... A veces, y siempre bajo coacción o interacción de algún ser querido, delimito el tiempo de pose a recorridos pequeños por calles muy transitadas.
Luego con un gesto desdeñoso la guardo bajo el abrigo, y la olvido hasta un día después. Nunca, nunca salgo sin ella, su calor me protege, su firmeza me apacigua, sus bordes irregulares dan sentido a mis gestos; Y al final del día, la guardo junto a mi cama, que hoy por hoy es el lugar mas calmo de mi casa. Y si algún día, no lo quiera el destino, la extravío por entre los vericuetos de esta vida que no me da tregua, es que ya no seré el yo de hoy, sino uno nuevo, mas perfecto e inmortal.

El último acto habrá terminado...