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Porque quiero el ámbar franco de tu mirada,
y bebérmelo a sorbos parejos, cálido, redondo y añejo.
Que me dure eternidades y no descomponga la forma.
Que el sabor se quede atrapado en la médula de mis sentidos
y acometidos los hábitos, no se merme por la rutina del olvido.
Sin exigencias crecientes alego la indiscutible necesidad
de tu persona, la inevitable solapa de tu compañía.
Que me presente el vínculo primero de las posesiones,
esas que no se escriben en cuartillas, tácitos acuerdos silenciosos.
No pretendo ir a otro sitio que no sea el constante latido de tu cercanía.
Lo. (Deseos)

Sigo con un pie en el sol y otro en la luna. Y desde allí veo los vértices lejanos.
Este equilibrio inconstante, ese balanceo extraño, el que un soplido augura el desliz a la siniestra.
Según los matices, según los días, según los silencios me mueven las ganas locas de este equilibrio insensato, de esta pérfida paz que da constantes puras y diáfanas.
Que se mitiga inconfesablemente .
El camino es llano puro y lineal. Los pies no se enraízan en ninguna teatralidad, la diáfana claridad no abruma, acoge, protege y persiste.
Y sin embargo se aprovechan los tocones para dar bocanadas y mediar entre el anhelo y la clarividencia.
¿es necesario seguir apuñalando razones, asesinar la anestesia de la languidez?
Prefiero no pensar en el minuto siguiente de este instante.
LO. (Deseos)